viernes, 20 de septiembre de 2013

Nuestro mundo (cara A)

Un corazón, una moneda; dos caras, dos sentimientos. Dos personas, una relación; una palabra fría, un día de tristeza.
Una mirada arrepentida, un abrazo caluroso. Las emociones escapan por nuestros ojos, las palabras sobran y se esconden. Nuestros labios se sienten, se desean, se tocan.
Nuestros dedos juegan a descubrirse y nuestras manos se reúnen contra mi pecho. La piel suave sale de su escondite bajo nuestras ropas. Cada roce nos mezcla un poco más.
¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío? Nuestros sentidos ya no lo distinguen.
El tiempo pierde importancia con cada caricia, nos perdemos en un mundo donde sólo importamos tú y yo. El éxtasis nos acorrala y nos invita a quedarnos.
Afuera el sol brilla, pasan las micros, suenan las bocinas, lo perros ladran. Pero nada de eso importa, sólo estamos los dos, el mundo real pierde todo interés.
De pronto suspiramos, nuestras almas respiran el aire más puro. Acaricio tu mejilla y tú tomas mi mano. Abrimos los ojos, nos miramos y sonreímos. Hay tantas cosas que decir, pero nada sale de nuestras bocas, las palabras se dan cuenta de lo especial que es este momento y temen arruinarlo con su irrupción.
Nos miramos una vez más, te sientas en la cama y yo acaricio tu espalda. Ninguno de los dos quiere poner los pies en el piso, eso significaría abandonar este bello lugar.
Te volteas y me miras, tus ojos brillan; al ver esto me doy cuenta... este mundo es nuestro, podemos llevarlo a todas partes, vive en nosotros.
Salgo de la cama, tomo tu mano y beso tu frente. Ha llegado mi hora de partir.
Intento alejarme pero no me sueltas. Te miro, te beso, me detengo un par de segundos para admirar tu belleza. Me miras a los ojos y sonríes. Me acompañas hasta la puerta, la abres y yo salgo. Tú no quieres cerrar y yo no quiero irme.
Finalmente me decido y te digo adiós.
Me abrazas fuerte y me susurras al oído. Me dices que me amas y yo me congelo. Dejo pasar algunos segundos y te respondo de la  misma manera.
Sonríes una vez más, retrocedes y cierras la puerta. Yo me dispongo a caminar hasta mi casa.
Abandono este paraíso, pero me llevo una pequeña parte en mis recuerdos.
Camino, pienso, te recuerdo, sonrío, te siento, te amo un poco más.
Te sigo amando, no lo puedo evitar.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Libertad

Él era un joven como cualquier otro, tenía 23 años, su nombre era Fernando. Toda la vida vivió pensando que a su vida le faltaba algo, pero nunca pudo descifrar qué era. Un día decidió descubrirlo. Analizó cada aspecto de su vida para encontrar la respuesta, amigos, familia, estudios, todo. Finalmente se dio cuenta... lo único que no tenía era libertad.
Vivía encerrado en un mundo de responsabilidades que nunca quiso aceptar, sus amigos lo veían sólo como un payaso más, sus estudios no eran más que el deseo de sus padres y su familia era un grupo hipócrita que no hacía más que envenenar su mente. Se dio cuenta de que esta no era la vida que quería vivir. Por eso decidió irse y encontrar lo que tanto anhelaba.
Una tarde, mientras caminaba por la calle, vio un evento que se realizaba en un parque. Cuando llegó al centro del evento, vio a una mujer, para él fue amor a primera vista, no podía creer lo que sus ojos veían.
Se acercó a ella, la saludó y le dijo: "Hola, mi nombre es Fernando". Ella lo miró, sonrió y le respondió: "Yo soy Francisca". Ese fue el comienzo una historia que, para Fernando, era la más hermosa y real de su vida.
Los días pasaron. Fernando y Francisca se enamoraron cada vez más y él sólo quería irse con ella para ser libre, pero las ataduras de su antigua vida seguían haciendo de las suyas. Finalmente llegó el día más triste para Fernando. Ella se fue y él quedó atrapado en la burbuja de mentiras e hipocresía que alguna vez llamó vida.

El joven soñador deseaba irse, sabía dónde estaba Francisca y ambos querían estar juntos, pero cada vez que Fernando tomaba su mochila para partir, su familia lo frenaba y cortaba sus alas. Las cosas estaban peor que nunca.
Sin embargo, el deseo de libertad era más fuerte y una noche, contra todo pronóstico, Fernando se escapó de todo y decidió seguir su sueño, tal como debió haberlo hecho desde un principio.
Al día siguiente, su madre entró a su habitación, él ya no estaba ahí y sólo había una nota sobre la cama.
La nota decía:

"Quiero ser libre, desearía no ser más un payaso, el prisionero de una falsa sonrisa viviendo rodeado de una felicidad mentirosa...
El camino ha sido largo, ha sido difícil, pero no me detendré. Estoy tan cerca, la libertad ya no será sólo un sueño.
Debo seguir luchando, debo vivir para ver el comienzo de un nuevo día... debo luchar para volver a ver sus bellos ojos, tomar su mano y acariciar su rostro... sólo con ella seré libre.
Rodeado de tanta gente falsa, mi mente creó un falso concepto de la realidad, un falso concepto de la libertad... pero ya no más, hoy comienza una nueva vida, hoy comienza mi libertad".

De Fernando no se supo mucho más, hasta el día de hoy sus padres no comprenden por qué dejó todo, él nunca volvió a esa casa ni volvió a hablar con las personas de su pasado... Sólo se sabe que se reunió con Francisca, pudieron vivir su amor y juntos lograron cumplir su sueño... juntos lograron ser libres.